Sobrevivir jugando, el modelo de rehabilitación social corrupto.

La 4ª Compañía

Elocuente drama de Amir Galván y Vanessa Arreola, documenta, basado en una historia real, la historia de Zambrano, un delincuente menor que ingresa al penal de Santa Marta para convertirse en una pieza clave del equipo de football americano denominado “Los perros”, cuyos integrantes forman parte de un escuadrón de la muerte llamado “La Cuarta compañía”.

Ambientada en la Ciudad de México a finales de los 70, con López Portillo en la presidencia y el Negro Durazno como comisionado de la Policía de la Ciudad, los tintes ocres y amarillos a grano reventado dan una atmósfera de violencia y desgaste al mejor estilo de Tony Scott en “Domino”, someten al espectador a adentrarse en los olores de la descomposición y de muerte que se viven día a día dentro del penal, donde ese mismo día a día es incierto.

El pretexto del equipo es usado para cometer ilícitos dentro y fuera del penal, con la venia del Comisionado, y con encargos muy precisos de parte del mismo, es así que vemos como la maquinaria del crimen es alimentada de adentro hacia afuera y donde el más mínimo error, o la simple intención de desobedecer se paga con sangre, la deshonra al código de honor dispuesto por la cuarta compañía se paga con la vida.

Es notable el manejo de los colores para generar diferentes estados de ánimo así como tomas muy dinámicas con filtros de colores e imágenes sobrepuestas que permiten el contacto con las historias de cada miembro de la compañía, así como el uso de un buen pietaje de archivo, con entrevistas a los miembros originales del equipo y a las autoridades que los promueven.

Uno de los grandes logros del filme son las poderosas actuaciones de Adrián Ladrón (Zambrano) y su notable transformación en un lugar donde impera la desesperanza y el abuso, y Manuel Ojeda en su papel del coach, quien a pesar de ser el conocedor y encargado de que el equipo cumpla con las cuotas dispuestas por sus superiores, y quien aparentemente recibe las recompensas, es el claro reflejo de un sistema policial corrupto y sumido en la más penosa ignominia, la impunidad es la única moneda de cambio en un sistema carcelario que se presume moderno pero que en el fondo sólo radicaliza la segmentación y empobrece más a quienes de por sí menos tienen, dejándolos condenados a una vida de despojos.

La propuesta de docudrama resulta muy exitosa, en tanto no se deja llevar por el melodrama y apela más al análisis y a la reflexión que sólo a la empatía. La visión progresista del deporte es lo último que importa para la rehabilitación, pero las secuencias de juego emocionarán a más de un seguidor del emparrillado. La libertad es costosa en un sitio donde la impunidad impera, pero resulta menos terrible vivirla adentro, a sabiendas de lo que les puede pasar, que afuera donde nadie cubre sus espaldas.

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