Matrix: A 20 años de la píldora roja.

Matrix, Andy y Larry Wachowski, 1999.

¿Cómo es que una película como Matrix ha permeado a la cultura por 20 años?, el notable trabajo de las ahora hermanas Lana y Lily Wachowski, quienes representaron en su momento el epítome de la creación de efectos especiales de la cinematografía, no reduce el relato del héroe, el elegido en busca de salvar a su pueblo en el hilo conductor, sino que invita al análisis de éste y su reflexión desde el ser y su devenir maquínico.

Uno de los aspectos más destacables de este fenómeno cinematográfico, es en principio la construcción de este universo distópico, cyberpunk, dónde las maquinas han tomado el control, donde la realidad no es tal o por lo menos no la que está representada, donde la alegoría a la caverna de platón nos plantea la posibilidad de otras realidades simultáneas. En su momento puede no haberse hecho notar como un evento filosófico cinematográfico, dado los avances en lo visual y aparente pirotecnia, pero es el uso del ya muy socorrido tiempo bala, el cual ha sido imitado y matizado al punto de hacerlo más y más sofisticado en su proceso de creación y edición, que le da otro tono, sin embargo, también ha sido abusado como elemento narrativo, sin la contundencia propia del uso primario de esa técnica, en diversos filmes posteriores.

El hecho de manejar el tiempo visualmente a la velocidad de una bala ralentizada, mientras uno puede ver cómo se desarrollan más acciones dentro del campo visual, resultaba espectacular, sobre todo un año antes del posible apagón analógico, en un momento donde la tecnología no contaba historias, este elemento ha sido explotado en la misma saga de una manera más significativa, más comprometida, por ejemplo en Reloaded, la escena de Trinity saliendo despedida de la ventana de un edificio mientras los pequeños cristales se incrustan en su cuerpo, o el choque espectacular de dos trailers de frente en la autopista y como las cajas de los vehículos se reducen a un cacharro de lámina corrugada, o la secuencia de pelea entre Neo y Smith en Revolutions, en un punto dónde éste último ya es capaz de corregir el código a su conveniencia como el elegido, de tal modo que destruye las moléculas de agua con sus puños, en esta danza frenética en el cielo para terminar partiendo el suelo donde aterrizan estrepitosamente, y todos estos elementos que no están ahí de forma gratuita sino que forman parte de este ambiente de no-realidad, de este mundo que nos creamos, de la posibilidad de lo humanamente imposible y donde no necesariamente somos héroes, sino que esta construcción de la realidad que si bien ha sido impuesta, como constructo social, nos permite cuestionarla mientras se transita en ella.

Es así que la llamada a la puerta de Neo al inicio, sea en el cuarto 101, nos remite a esa habitación misteriosa de 1984, donde nuestro protagonista cuestiona qué hay adentro, esta puerta se abre a esta Matrix generadora de símbolos y significados, pre-fabricados sí, pero que para el elegido no son absolutos. Ahí radica nuestra afección, ahí radica su poder, donde años después con un acto como la caída de las torres gemelas incita a cuestionar la estabilidad de un país que ostentaba su constructo social como el hegemónico, le vemos consumirse en la desesperación y el miedo, temor infundado, pero inmerso en este mecanismo de terror como herramienta de control, nos cambia la visión de un país que se siente intocable.

Es innegable el impacto de esta franquicia a partir del discurso de lo no real, cuestionando nuestra propia existencia, donde alimentar a la Matrix (de manera literal) reduce a la humanidad a una única razón instrumental: como pequeños adminículos proveedores de energía, inamovibles; donde el desierto de lo real, es en contraste, campo fértil para la suplantación de realidades, para la construcción de otra materialidad para quien está dispuesto a abrir la mente.

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